miércoles, 15 de junio de 2016
lunes, 13 de junio de 2016
sábado, 11 de junio de 2016
Una mini ficción de Sabino Pérez Ramírez, tomado del libro Escamas de luna
Las mini ficciones nos expresan
un problema social, en tan sólo unas líneas. É aquí una muestra de este cuento
brevísimo, escrito en el 2000, como resultado de un problema de social, donde
el cuerpo de seguridad pública tomó las instalaciones del palacio municipal en
protesta a que no habías sido cumplidas sus demanda laborales. El paro duró
unos 23 días, por la necedad del presidente municipal en dialogar con los miembros
del cuerpo de seguridad. La policía preventiva del estado tomó la seguridad del
municipio y la ciudad de Tuxtepec, y en una entrevista al comandante Badiola,
expresó lo siguiente: “Desde que nosotros resguardamos la ciudad, la
inseguridad ha caído un 90%; no sé a qué se deba”, y mostró su amplia sonrisa.
LA NOTICIA
Por primera vez en la ciudad
no hay robos ni asaltos:
Policías en huelga.
Un cuento de Sabino Pérez Ramírez, tomado del libro Escamas de luna
PRESAGIO
Sabino Pérez Ramírez
Mientras espero a mi compañero de
trabajo que pasará por mí en cualquier momento, lanzo mi pensamiento en algún
punto lejano para ubicar ciertas cosas. Me distraigo observando en la pared el
movimiento de hormigas que me saca del trance. Con un insecto a cuestas algunas
van amontonadas. Contemplo el interminable desfile y lamento no tener capacidad
para conocer el motivo de sus afanes. Imagino entre ellas poetas, cantantes,
payasos, o, porqué no, políticos en campaña, y tal vez ese ir y venir tiene la
finalidad de emitir el sufragio.
Concentrado
en esto veo a mi compañero acercarse a la puerta para urgirme a salir. Aseguro
mi departamento y nos encaminamos al mar.
Antes de salir de la
barra nos embolsamos con nailon para protegernos del agua salada. Es buen
tiempo. Nubes blanquecinas pasan sin prisa. En la distancia se hunde la costa
poco a poco, zarandeando a los barcos camaroneros y lanchas guachinangueras.
En el lugar de pesca tendemos la
red y conversamos hasta caer la noche.
–Los barcos no andan
cerca– dice mi compañero recostándose en uno de los bancos.
–Estaré despierto hasta
la una– le contesto, mientras contemplo las plataformas petroleras con sus resplandores de ciudades flotantes.
Los buques camaroneros
tiemblan como luciérnagas entre la brisa que me acaricia la cara con su olor a
salitre. Recuerdo que en una noche como ésta, donde millones de ojos cintilan
en la altura, conocí a Elizabeth a través de sus ojos. Desvío ese recuerdo,
pues el sueño me obliga a despertar a mi acompañante quien, sin moverse y sin
abrir los párpados, me dice que duerma.
Al parecer los párpados le pesan tanto, como el recuerdo de la novia a
quien quisimos mucho y nos ha traicionado.
El sueño inunda mis
ojos durante no sé cuánto tiempo. Me levanto de un salto a causa del ruido que
provoca el agua al golpear en algo pesado.
–¡El
barco!– grito, tirándome al mar y
deshaciéndome del nailon para evitar el arrollamiento. La lancha y mi compañero son destrozados.
El murmullo de la tripulación me
parece muy lejano. Hago esfuerzos por alcanzar la nave negra que se mancha de
puntos luminosos. Mis gritos se ahogan con los relieves de agua que me inunda
la cara. La penumbra se confunde con mi aturdimiento. Alguien me jala del
hombro mientras la inconsciencia me lleva a su abismo.
Despierto sobre una litera. Tal
vez en el sollado del barco. Siento pesadez en el cuerpo y un zumbido revolotea
por oídos. No quiero recordar el accidente y desvío mi pensamiento a las
hormigas. Las veo aglomeradas en la pared con el candidato a cuestas, o más
bien el insecto, y me imagino que tal vez éste es el ganador de las elecciones.
El accidente me sumergió en un estado emocional que me hizo meditar hasta la
somnolencia.
Más tarde escucho leves
golpes en la puerta. Me levanto para saber quién es. Al ver a mi compañero
vuelvo los ojos al interior del departamento: la linterna, la chamarra y todas
mis cosas están en el mismo lugar.
Afuera,
los niños empolvan sus sombras mientras corren.
Dos textos poéticos conocidos como cadáver exquisito
Los
siguientes textos poéticos son el resultado del taller literario exprés que
impartió la poeta María Dolores Reyes Herrera, en su visita a nuestra ciudad y
parte de nuestra región. Los textos son conocidos como cadáver exquisito; es un
ejercicio en el cual cada uno de los participantes escribe un verso; los versos
se van hilvanando hasta resultar una prosa o un poema, y el tallerista se
encarga de acomodar los versos de la mejor manera, hasta lograr una pieza
literaria.
El grupo de
jóvenes participantes son integrantes del tercer grado de la escuela
Telesecundaria de Mancilla, Tuxtepec.
TORMENTA
No puedo
dormir,
sabiendo que
el cielo está triste,
sus lamentos
me aturden.
Una noche con viento de susurros
tocabaa mi
ventana,
pedía
entrar, de pronto escuché un rugir,
el cielo
estaba enfadado.
Feroz como
león enojado.
Gris,
triste, deprimida era aquella noche,
el agua era
vertida por la tristeza.
Siento sus
temores y tristezas,
llora porque
nada puede hacer,
también
lloro con ella,
su aliento
corre por mi cuerpo,
la miro y
siento que va a derrumbarse.
La noche se encuentra
sin estrellas
Miro el
cielo, rayos como estrellas fugaces
y me digo:
parece que el cielo va a llorar.
Las nubes
comenzaron a cubrir el cielo,
los animales
empezaron a aullar,
el antiguo
reloj marcaba la una de la mañana
el cielo era
frasco de tinta negra
se veían
relámpagos, rayos,
como si el
limbo fuera a caer…
todo esto a
causa de su muerte.
Auotores:
Manuel de
Jesús Castañeda Varela
Abisaí
Hernández Rojas
Jesús
Alberto Ramírez Villegas
Pahola
Martínez Romero
Cristina
Verde Ortega
Gilberto
Cristóbal Arroyo
VIEJA
Estoy
lastimada, sin color…
Cansada por
los años, siempre inmóvil,
soportando
el peso en mi cuerpo.
Sí, te ves
tan inofensiva,
sin poder
soportar más,
se te han
venido los años encima;
pero los dos
sabemos que tú,
aún cargas
con mi presencia
Pobre vieja,
cansada de trabajar,
has recibido
muchas heridas
que podrán
cicatrizar;
pero jamás
podrás olvidar.
Has de
empezar de nuevo
y seguir con
tu lucha.
Yo, siempre
voy a necesitar tu apoyo
para
sostenerme.
Jamás te
olvidaré querida vieja.
Tienes
tantos años,
demasiadas
historias,
miles de
lamentos que contar,
contarás tus
traumas,
has visto y
tenido tantos amores
que has
deseado con tu corazón
pedir a las
estrellas el poder despertar
de tu largo
sueño e ir tras de tu amado.
Autores:
Manuel de
Jesús Castañeda Varela
Rosa Valera
Méndez
Pahola Marínez
Romero
Gilberto
Cristóbal Arroyo
domingo, 5 de junio de 2016
Quien mató a Pantaléon Cornejo. Cuento de Sabino Pérez en Cantera Verde.
http://www.geocities.ws/conte_nido/no42/00014.html
http://www.geocities.ws/conte_nido/no42/00014.html
Amor etílico. Micro-relato de Sabino Pérez Ramírez:
http://inteligenciasexual.com/?tag=sabino-perez-ramirez
http://inteligenciasexual.com/?tag=sabino-perez-ramirez
Programa "Préstame tu Recuerdo" conducido por Luis Fernando Paredes Porras y transmitido el 31 de mayo del 2016 en el portal www.tvbus.tv y por la señal de cable local Televisión Tuxtepecana, canal 38.
En esa emisión, el escritor Sabino Pérez Ramírez habló de sus vivencias y experiencias con el mundo sobrenatural, que le han servido de base para sus cuentos y anecdotario.
En esa emisión, el escritor Sabino Pérez Ramírez habló de sus vivencias y experiencias con el mundo sobrenatural, que le han servido de base para sus cuentos y anecdotario.
jueves, 2 de junio de 2016
EL CANDIDATO (Un cuento de Sabino Pérez Ramírez)
EL
CANDIDATO (Cuento)
La embarcación resintió el peso
de los doce compañeros que conformábamos la comitiva de campaña. Una de las
chicas se encasquetó un chaleco salvavidas y se dibujó una cruz imaginaria
cerca del rostro. Para algunos quizás era una aventura diferente el navegar por
agua, y el temor los hacía afianzarse de la borda.
El motorista se
introdujo en el laberinto de mogotes a lo largo de la falda del cerro. Poco más
de una hora de navegación fue suficiente para sentirle confianza a la
embarcación, descubrir isletas conforme avanzábamos, tomar fotos a las aves y,
sobre todo, admirar el gigantesco Cerro Rabón, con su abundancia vegetal, donde
el agua de la presa encaramó a los campesinos. “Al campo se lo tragó el agua;
allá, arriba, es difícil la siembra, porque los árboles ocupan la tierra que
sacan de’ntre las piedras”, se había expresado con resentimiento un mazateco,
con el coraje reprimido desde que el agua los fue empujando hasta colgarlos de
los cerros.
El lanchero conducía
sin titubeos, con la seguridad de quien conoce palmo a palmo el vaso de la
presa. Unos tripulantes cabeceaban;
otros en el plan de la embarcación, y más atrás, dos compañeros hacían
esfuerzos para conversar en medio del ruido monótono del motor. Algunos quizás
admiraban el paisaje y las rancherías diminutas en los cerros.
A media mañana
arribamos a Buenos Aires, comunidad que hace más de cuarenta años fue sembrada
sobre ese pequeño cerro por algunos afectados de la presa.
La gente nos miraba
con desdén mientras caminábamos por una calle empastada hasta el lugar donde se
ubica la Agencia Municipal. Nos detuvimos bajo la sombra de un árbol frente al
pequeño edificio, donde el pasto se extiende a lo largo de una especie de
cancha deportiva. En el extremo paralelo a la Agencia se ubica una Escuela
Primaria Bilingüe, abandonada por problemas magisteriales, en espera de
escucharse el bullicio de esos pequeños mexicanos de nuestro futuro incierto.
–Qué importa
el reformas educativas, si en nuestro país sólo se vive con un mínimo, bueno,
hablando del educación, porque en la económicos apenas sobrevivimos– Se expresó
con indiferencia uno de los curiosos mientras se soplaba con su sombrero de
palma.
Al otro lado de la
cancha se levanta una construcción de concreto y lámina de zinc. La autoridad auxiliar nos sugirió reunirnos
en el corredor de ese edificio, donde sentí curiosidad al ver una puerta de
madera semiabierta, cuadriculada. Cuando entré, no pude evitar las figuras
grotescas en las paredes, pues al parecer el departamento había servido de
cárcel, así lo demuestran los dibujos de personajes y seres demoníacos que manifiestan el estado emocional de los
que alguna vez estuvieron prisioneros. Los grabados me extasiaron. Un bullicio
de personas me arrancó de la pesadilla, al menos eso pensé. La luz del mediodía
entraba rutilante; hasta ese momento me di cuenta de los reclusos que
murmuraban en dialecto. El flash fotográfico golpeaba las sombras de los
prisioneros sobre las paredes recién repelladas. No comprendía lo que pasaba,
sin embargo expresé unas palabras, que sólo las había escuchado de quienes
buscan el voto popular; un escandaloso aplauso avivó mis emociones. Cuando
salí, consciente de que una realidad diferente me aguardaba, fui sorprendido
por una multitud que repetía mi nombre. Me encontraba perplejo, pues pensé que
Buenos Aires era una comunidad diferente, al menos así la aprecié cuando
llegamos. A pesar de ser un lugar abandonado por el Gobierno, los ánimos de sus
habitantes hicieron sentirme familiarizado con el ambiente, sobre todo de
aquellos que fueron transportados hasta este lugar para escuchar el mensaje
proselitista. Todos hablaban en dialecto, sólo mi nombre identificaba.
–¡Soy su candidato!–,
les dije. Y luego les hablé de los problemas del campo y los problemas económicos
por el que atraviesa el país.
–¡Nos
han engañado durante mucho tiempo!–, dijo uno de los líderes mientras miraba a
sus compañeros que meneaban la cabeza para apoyarlo.
Una parvada
de pelícanos se arremolinaba en el cenit. Algunas embarcaciones se acercaban
cargadas de gente con propaganda. La multitud escuchaba atenta el mensaje que
creían diferente al de los candidatos anteriores; por eso les sorprendió que yo
pidiera la oportunidad para realizar un buen gobierno, porque:
–¡Si
logramos ganar, habremos entrado en un proceso de cambio verdadero en nuestro
país!–, les dije. Quizás ellos no saben que si esto sucede, existirá un poder
paralelo al ejecutivo, que medie los excesos presidencialistas.
–¡Lucharemos
porque la cámara deje de ser subordinada!–. Estaba seguro que entendían mis
palabras, o que al menos creían entenderlas; y si no era así, mis compañeros se
encargaban de dar el inicio de los aplausos.
Algunas aves abandonaban
sus actividades de pesca, allá, en la lejanía del agua tibia de la presa. Un
perro color pajizo zangoloteaba la
lengua por el calor, reposando bajo el kiosco de concreto, cerca de la escuela.
–¡Se debe empezar desde
abajo, el políticos debe hablar de frentes a mi pueblo, por eso creemos que tú
sí nos dices la verdá, porque no nos traes promesas!–. Con palabras
entrecortadas se expresó un campesino que jugaba con su sombrero. Ellos saben
que en tiempos de elecciones los candidatos les regalan despensas, o materiales para construcción, y que el
Gobierno les reparte dinero a través de programas que “benefician” al campo.
Ellos también saben que el dinero se lo dan a cambio del voto; porque así lo
manifestaron; por eso, cuando llegamos, el Agente y dos de sus hombres me
dijeron a solas que ellos venden su voto, por lo que no dudé en extenderles una
buena cantidad de dinero. Sin embargo, lo que no saben es el porqué de la
crisis económica, ni que se les cobra ese “regalito” a un precio muy alto.
–¡Yo
estuve en contra de que se hiciera la presa!, les dije, ¡porque iba a
perjudicar las mejores tierras de esta regione, y a ustedes los iban a aventar
a las partes altas!
–¡Dile
eso a mis paisanos en dialeto, dícelo! –intervino uno de los concurrentes–
¡porque ellos deben saber eso!–. Los lugareños agacharon la cabeza con
impotencia para defenderse de sus victimarios.
Algunos
ancianos oteaban hacia el vaso de la presa, recordando, tal vez, aquellas
tierras fértiles que quedaron sepultadas bajo el agua; o los días de buena
pesca que era una opción en su economía. Pero somos educados en la medianía y
el conformismo, para ser utilizados por unos cuantos que suben al poder a
enriquecerse.
–¡Les agradezco a todos
los que a pesar de las inclemencias del tiempo acudieron desde sus comunidades
para brindarme su apoyo; pero tengan en cuenta que las inclemencias del tiempo
son una bendición de Dios, porque les dan el equilibrio a nuestro planeta, sin
embargo, las inclemencias de los malos gobernantes, esas provocan la
desestabilización social!–. Las ovaciones fueron elocuentes.
Los que nos acompañaban
en este recorrido subieron a las lanchas. A pesar de la ausencia de nubes el
sol no brillaba con intensidad, y con la brisa se sentía menos el calor. Desde
lejos se aprecia San José Independencia incrustado en una parte del cerro. Un
trascabo emparejaba una loma, donde, según los lugareños, “allí construirán la
unidad deportiva”.
–Un
inversión bastante fuertes, habiendo en San José otras necesidades– dijo más
tarde uno de los habitantes.
Fuimos bien recibidos,
conforme recorríamos ese poblado de trazos quebradizos y agotadores altibajos
de las calles. Desde las partes altas se aprecia una buena extensión del vaso
de la presa Temascal. El gobierno había realizado una considerable cantidad de
criaderos de mojarra Tilapia, con la cual se beneficiarían los habitantes que
formaron núcleos poblacionales en las márgenes del vaso. Para esos habitantes
que no quisieron alejarse de sus lugares de origen, el gobierno buscó la forma
de mantenerlos contentos, y encontró en la mojarra Tilapia, una de las mejores
especies, con mayor proliferación y de fácil adaptación a nuestro clima. Esto
llevó a que unos años después, y gracias a la fertilidad de las aguas, esta
especie se propagara por todo el territorio, y, Temascal y San Pedro Ixcatlán,
se convirtieron en puertos pesqueros, donde a pesar de los compradores foráneos
hubo temporadas en que desecharon decenas de toneladas de mojarras. Al paso de
los años el agua ha perdido su fertilidad, y hoy la pesca en estos lugares ha
dejado de ser una opción para los marginados mazatecos.
–¡Si el voto de ustedes
me favorece, gestionaré porque el...
Me fue imposible terminar la
frase. De pronto me sentí rodar por el barranco, hasta caer cerca del lago.
Entre mi aturdimiento alcancé a presenciar la muchedumbre que iba cuesta abajo.
El terremoto arrancaba árboles y casas, y lanzaba los grandes peñascos hasta el
agua de la presa. Desde el lugar donde caí, milagrosamente, pude resguardarme
del peligro, sin salir del aturdimiento que me conducía a su abismo. Tal vez
sufrí los delirios de la agonía, pues un montón de seres endemoniados danzaban
en mi rededor repitiendo la palabra Candidato. Luego se fueron introduciendo
por la única pared del pequeño barranco. La alucinación me impidió desviar los
ojos de la pared donde quedaron impresas las figuras de los demonios. Alguien
repitió tres veces mi nombre, hasta que un empellón me volvió a la realidad:
–¿Te
sientes bien?–, preguntó el compañero que me empujaba.
–Nada–, le respondí. Y
con la respiración agitada salí con tropiezos de la pequeña celda. Afuera, tres
campesinos escuchaban el discurso del candidato.
miércoles, 1 de junio de 2016
Un poema de Voz de orquídea
La poeta María Dolores Reyes Herrera, conocida con el seudónimo "Voz de orquídea" (título de uno de sus libros), en su recorrido por la ciudad de Tuxtepec, donde compartió su poesía y su experiencia como tallerista. Nos regala uno de sus poemas.
Mi anhelo
Mi anhelo es navegar
y descubrir los arrecifes
que conforman de tus entrañas
lo profundo.
Ser la nave surcando tus aguas,
el inmenso turquí trascender
y mirar qué hay más allá.
Me atraes
e inspiras temor a la vez.
Me llevan a ti
los sentimientos encontrados
que me arrojan a conocerte.
Concluyo por entregarte mi vida
y sean tus olas:
cuna,
brazos
que han de mecerme
en la oscilación.
Mi anhelo
Mi anhelo es navegar
y descubrir los arrecifes
que conforman de tus entrañas
lo profundo.
Ser la nave surcando tus aguas,
el inmenso turquí trascender
y mirar qué hay más allá.
Me atraes
e inspiras temor a la vez.
Me llevan a ti
los sentimientos encontrados
que me arrojan a conocerte.
Concluyo por entregarte mi vida
y sean tus olas:
cuna,
brazos
que han de mecerme
en la oscilación.
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