INDICE

sábado, 11 de junio de 2016

Una mini ficción de Sabino Pérez Ramírez, tomado del libro Escamas de luna

Las mini ficciones nos expresan un problema social, en tan sólo unas líneas. É aquí una muestra de este cuento brevísimo, escrito en el 2000, como resultado de un problema de social, donde el cuerpo de seguridad pública tomó las instalaciones del palacio municipal en protesta a que no habías sido cumplidas sus demanda laborales. El paro duró unos 23 días, por la necedad del presidente municipal en dialogar con los miembros del cuerpo de seguridad. La policía preventiva del estado tomó la seguridad del municipio y la ciudad de Tuxtepec, y en una entrevista al comandante Badiola, expresó lo siguiente: “Desde que nosotros resguardamos la ciudad, la inseguridad ha caído un 90%; no sé a qué se deba”, y mostró su amplia sonrisa.


LA NOTICIA

Por primera vez en la ciudad
no hay robos ni asaltos:


Policías en huelga.

Un cuento de Sabino Pérez Ramírez, tomado del libro Escamas de luna

PRESAGIO
Sabino Pérez Ramírez

Mientras espero a mi compañero de trabajo que pasará por mí en cualquier momento, lanzo mi pensamiento en algún punto lejano para ubicar ciertas cosas. Me distraigo observando en la pared el movimiento de hormigas que me saca del trance. Con un insecto a cuestas algunas van amontonadas. Contemplo el interminable desfile y lamento no tener capacidad para conocer el motivo de sus afanes. Imagino entre ellas poetas, cantantes, payasos, o, porqué no, políticos en campaña, y tal vez ese ir y venir tiene la finalidad de emitir el sufragio.
               Concentrado en esto veo a mi compañero acercarse a la puerta para urgirme a salir. Aseguro mi departamento y nos encaminamos al mar.
               Antes de salir de la barra nos embolsamos con nailon para protegernos del agua salada. Es buen tiempo. Nubes blanquecinas pasan sin prisa. En la distancia se hunde la costa poco a poco, zarandeando a los barcos camaroneros y lanchas guachinangueras.

En el lugar de pesca tendemos la red y conversamos hasta caer la noche.
               –Los barcos no andan cerca– dice mi compañero recostándose en uno de los bancos.
               –Estaré despierto hasta la una– le contesto, mientras contemplo las plataformas petroleras con  sus resplandores de ciudades flotantes.
               Los buques camaroneros tiemblan como luciérnagas entre la brisa que me acaricia la cara con su olor a salitre. Recuerdo que en una noche como ésta, donde millones de ojos cintilan en la altura, conocí a Elizabeth a través de sus ojos. Desvío ese recuerdo, pues el sueño me obliga a despertar a mi acompañante quien, sin moverse y sin abrir los párpados, me dice que duerma.  Al parecer los párpados le pesan tanto, como el recuerdo de la novia a quien  quisimos mucho y nos ha traicionado.
               El sueño inunda mis ojos durante no sé cuánto tiempo. Me levanto de un salto a causa del ruido que provoca el agua al golpear en algo pesado.
               –¡El barco!–  grito, tirándome al mar y deshaciéndome del nailon para evitar el arrollamiento.  La lancha y mi compañero son destrozados.
El murmullo de la tripulación me parece muy lejano. Hago esfuerzos por alcanzar la nave negra que se mancha de puntos luminosos. Mis gritos se ahogan con los relieves de agua que me inunda la cara. La penumbra se confunde con mi aturdimiento. Alguien me jala del hombro mientras la inconsciencia me lleva a su abismo.

Despierto sobre una litera. Tal vez en el sollado del barco. Siento pesadez en el cuerpo y un zumbido revolotea por oídos. No quiero recordar el accidente y desvío mi pensamiento a las hormigas. Las veo aglomeradas en la pared con el candidato a cuestas, o más bien el insecto, y me imagino que tal vez éste es el ganador de las elecciones. El accidente me sumergió en un estado emocional que me hizo meditar hasta la somnolencia.
               Más tarde escucho leves golpes en la puerta. Me levanto para saber quién es. Al ver a mi compañero vuelvo los ojos al interior del departamento: la linterna, la chamarra y todas mis cosas están en el mismo lugar.              
               Afuera, los niños empolvan sus sombras mientras corren.


La poeta María Dolores Reyes Herrera Voz de orquídea

Alumnos de la Telesecundaria de Mancilla, con la Poeta María Dolores Reyes

Dos textos poéticos conocidos como cadáver exquisito

Los siguientes textos poéticos son el resultado del taller literario exprés que impartió la poeta María Dolores Reyes Herrera, en su visita a nuestra ciudad y parte de nuestra región. Los textos son conocidos como cadáver exquisito; es un ejercicio en el cual cada uno de los participantes escribe un verso; los versos se van hilvanando hasta resultar una prosa o un poema, y el tallerista se encarga de acomodar los versos de la mejor manera, hasta lograr una pieza literaria.
El grupo de jóvenes participantes son integrantes del tercer grado de la escuela Telesecundaria de Mancilla, Tuxtepec.


TORMENTA

No puedo dormir,
sabiendo que el cielo está triste,
sus lamentos me aturden.

 Una noche con viento de susurros
tocabaa mi ventana,
pedía entrar, de pronto escuché un rugir,
el cielo estaba enfadado.

Feroz como león enojado.
Gris, triste, deprimida era aquella noche,
el agua era vertida por la tristeza.

Siento sus temores y tristezas,
llora porque nada puede hacer,
también lloro con ella,
su aliento corre por mi cuerpo,
la miro y siento que va a derrumbarse.

La noche se encuentra sin estrellas
Miro el cielo, rayos como estrellas fugaces
y me digo: parece que el cielo va a llorar.

Las nubes comenzaron a cubrir el cielo,
los animales empezaron a aullar,
el antiguo reloj marcaba la una de la mañana
el cielo era frasco de tinta negra
se veían relámpagos, rayos,
como si el limbo fuera a caer…
todo esto a causa de su muerte.


Auotores:
Manuel de Jesús Castañeda Varela
Abisaí Hernández Rojas
Jesús Alberto Ramírez Villegas
Pahola Martínez Romero
Cristina Verde Ortega
Gilberto Cristóbal  Arroyo




VIEJA

Estoy lastimada, sin color…
Cansada por los años, siempre inmóvil,
soportando el peso en mi cuerpo.

Sí, te ves tan inofensiva,
sin poder soportar más,
se te han venido los años encima;
pero los dos sabemos que tú,
aún cargas con mi presencia

Pobre vieja, cansada de trabajar,
has recibido muchas heridas
que podrán cicatrizar;
pero jamás podrás olvidar.
Has de empezar de nuevo
y seguir con tu lucha.
Yo, siempre voy a necesitar tu apoyo
para sostenerme.
Jamás te olvidaré querida vieja.

Tienes tantos años,
demasiadas historias,
miles de lamentos que contar,
contarás tus traumas,
has visto y tenido tantos amores
que has deseado con tu corazón
pedir a las estrellas el poder despertar
de tu largo sueño e ir tras de tu amado.


Autores:
Manuel de Jesús Castañeda Varela
Rosa Valera Méndez
Pahola Marínez Romero

Gilberto Cristóbal Arroyo

domingo, 5 de junio de 2016

Periódico Noticias, voz e imagen de la Cuenca, en su edición del 6 de marzo del 2016.



Poema de Eduardo López Blas.





Quien mató a Pantaléon Cornejo. Cuento de Sabino Pérez en Cantera Verde.
http://www.geocities.ws/conte_nido/no42/00014.html
Amor etílico. Micro-relato de Sabino Pérez Ramírez:

http://inteligenciasexual.com/?tag=sabino-perez-ramirez
Programa "Préstame tu Recuerdo" conducido por Luis Fernando Paredes Porras  y transmitido el 31 de mayo del 2016 en el portal www.tvbus.tv y por la señal de cable local Televisión Tuxtepecana, canal 38.

En esa emisión, el escritor Sabino Pérez Ramírez habló de sus vivencias  y experiencias con el mundo sobrenatural, que le han servido de base para sus cuentos y anecdotario.


Del suplemento dominical Pa'lmar en el diario Noticias, Voz e imagen de la Cuenca, edición del 5 de junio del 2016:


jueves, 2 de junio de 2016

EL CANDIDATO (Un cuento de Sabino Pérez Ramírez)

EL CANDIDATO (Cuento)

La embarcación resintió el peso de los doce compañeros que conformábamos la comitiva de campaña. Una de las chicas se encasquetó un chaleco salvavidas y se dibujó una cruz imaginaria cerca del rostro. Para algunos quizás era una aventura diferente el navegar por agua, y el temor los hacía afianzarse de la borda.
               El motorista se introdujo en el laberinto de mogotes a lo largo de la falda del cerro. Poco más de una hora de navegación fue suficiente para sentirle confianza a la embarcación, descubrir isletas conforme avanzábamos, tomar fotos a las aves y, sobre todo, admirar el gigantesco Cerro Rabón, con su abundancia vegetal, donde el agua de la presa encaramó a los campesinos. “Al campo se lo tragó el agua; allá, arriba, es difícil la siembra, porque los árboles ocupan la tierra que sacan de’ntre las piedras”, se había expresado con resentimiento un mazateco, con el coraje reprimido desde que el agua los fue empujando hasta colgarlos de los cerros.
               El lanchero conducía sin titubeos, con la seguridad de quien conoce palmo a palmo el vaso de la presa. Unos  tripulantes cabeceaban; otros en el plan de la embarcación, y más atrás, dos compañeros hacían esfuerzos para conversar en medio del ruido monótono del motor. Algunos quizás admiraban el paisaje y las rancherías diminutas en los cerros.
               A media mañana arribamos a Buenos Aires, comunidad que hace más de cuarenta años fue sembrada sobre ese pequeño cerro por algunos afectados de la presa.

               La gente nos miraba con desdén mientras caminábamos por una calle empastada hasta el lugar donde se ubica la Agencia Municipal. Nos detuvimos bajo la sombra de un árbol frente al pequeño edificio, donde el pasto se extiende a lo largo de una especie de cancha deportiva. En el extremo paralelo a la Agencia se ubica una Escuela Primaria Bilingüe, abandonada por problemas magisteriales, en espera de escucharse el bullicio de esos pequeños mexicanos de nuestro futuro incierto.
–Qué importa el reformas educativas, si en nuestro país sólo se vive con un mínimo, bueno, hablando del educación, porque en la económicos apenas sobrevivimos– Se expresó con indiferencia uno de los curiosos mientras se soplaba con su sombrero de palma.
               Al otro lado de la cancha se levanta una construcción de concreto y lámina de zinc.  La autoridad auxiliar nos sugirió reunirnos en el corredor de ese edificio, donde sentí curiosidad al ver una puerta de madera semiabierta, cuadriculada. Cuando entré, no pude evitar las figuras grotescas en las paredes, pues al parecer el departamento había servido de cárcel, así lo demuestran los dibujos de personajes y seres demoníacos que manifiestan el estado emocional de los que alguna vez estuvieron prisioneros. Los grabados me extasiaron. Un bullicio de personas me arrancó de la pesadilla, al menos eso pensé. La luz del mediodía entraba rutilante; hasta ese momento me di cuenta de los reclusos que murmuraban en dialecto. El flash fotográfico golpeaba las sombras de los prisioneros sobre las paredes recién repelladas. No comprendía lo que pasaba, sin embargo expresé unas palabras, que sólo las había escuchado de quienes buscan el voto popular; un escandaloso aplauso avivó mis emociones. Cuando salí, consciente de que una realidad diferente me aguardaba, fui sorprendido por una multitud que repetía mi nombre. Me encontraba perplejo, pues pensé que Buenos Aires era una comunidad diferente, al menos así la aprecié cuando llegamos. A pesar de ser un lugar abandonado por el Gobierno, los ánimos de sus habitantes hicieron sentirme familiarizado con el ambiente, sobre todo de aquellos que fueron transportados hasta este lugar para escuchar el mensaje proselitista. Todos hablaban en dialecto, sólo mi nombre identificaba. 
               –¡Soy su candidato!–, les dije. Y luego les hablé de los problemas del campo y los problemas económicos por el  que atraviesa el país.
               –¡Nos han engañado durante mucho tiempo!–, dijo uno de los líderes mientras miraba a sus compañeros que meneaban la cabeza para apoyarlo.  
Una parvada de pelícanos se arremolinaba en el cenit. Algunas embarcaciones se acercaban cargadas de gente con propaganda. La multitud escuchaba atenta el mensaje que creían diferente al de los candidatos anteriores; por eso les sorprendió que yo pidiera la oportunidad para realizar un buen gobierno, porque:
               –¡Si logramos ganar, habremos entrado en un proceso de cambio verdadero en nuestro país!–, les dije. Quizás ellos no saben que si esto sucede, existirá un poder paralelo al ejecutivo, que medie los excesos presidencialistas.
               –¡Lucharemos porque la cámara deje de ser subordinada!–. Estaba seguro que entendían mis palabras, o que al menos creían entenderlas; y si no era así, mis compañeros se encargaban de dar el inicio de los aplausos.

               Algunas aves abandonaban sus actividades de pesca, allá, en la lejanía del agua tibia de la presa. Un perro  color pajizo zangoloteaba la lengua por el calor, reposando bajo el kiosco de concreto, cerca de la escuela.
               –¡Se debe empezar desde abajo, el políticos debe hablar de frentes a mi pueblo, por eso creemos que tú sí nos dices la verdá, porque no nos traes promesas!–. Con palabras entrecortadas se expresó un campesino que jugaba con su sombrero. Ellos saben que en tiempos de elecciones los candidatos les regalan despensas, o  materiales para construcción, y que el Gobierno les reparte dinero a través de programas que “benefician” al campo. Ellos también saben que el dinero se lo dan a cambio del voto; porque así lo manifestaron; por eso, cuando llegamos, el Agente y dos de sus hombres me dijeron a solas que ellos venden su voto, por lo que no dudé en extenderles una buena cantidad de dinero. Sin embargo, lo que no saben es el porqué de la crisis económica, ni que se les cobra ese “regalito” a un precio muy alto.
               –¡Yo estuve en contra de que se hiciera la presa!, les dije, ¡porque iba a perjudicar las mejores tierras de esta regione, y a ustedes los iban a aventar a las partes altas!
               –¡Dile eso a mis paisanos en dialeto, dícelo! –intervino uno de los concurrentes– ¡porque ellos deben saber eso!–. Los lugareños agacharon la cabeza con impotencia para defenderse de sus victimarios.
               Algunos ancianos oteaban hacia el vaso de la presa, recordando, tal vez, aquellas tierras fértiles que quedaron sepultadas bajo el agua; o los días de buena pesca que era una opción en su economía. Pero somos educados en la medianía y el conformismo, para ser utilizados por unos cuantos que suben al poder a enriquecerse.
               –¡Les agradezco a todos los que a pesar de las inclemencias del tiempo acudieron desde sus comunidades para brindarme su apoyo; pero tengan en cuenta que las inclemencias del tiempo son una bendición de Dios, porque les dan el equilibrio a nuestro planeta, sin embargo, las inclemencias de los malos gobernantes, esas provocan la desestabilización social!–. Las ovaciones fueron elocuentes.

               Los que nos acompañaban en este recorrido subieron a las lanchas. A pesar de la ausencia de nubes el sol no brillaba con intensidad, y con la brisa se sentía menos el calor. Desde lejos se aprecia San José Independencia incrustado en una parte del cerro. Un trascabo emparejaba una loma, donde, según los lugareños, “allí construirán la unidad deportiva”.
               –Un inversión bastante fuertes, habiendo en San José otras necesidades– dijo más tarde uno de los habitantes.
               Fuimos bien recibidos, conforme recorríamos ese poblado de trazos quebradizos y agotadores altibajos de las calles. Desde las partes altas se aprecia una buena extensión del vaso de la presa Temascal. El gobierno había realizado una considerable cantidad de criaderos de mojarra Tilapia, con la cual se beneficiarían los habitantes que formaron núcleos poblacionales en las márgenes del vaso. Para esos habitantes que no quisieron alejarse de sus lugares de origen, el gobierno buscó la forma de mantenerlos contentos, y encontró en la mojarra Tilapia, una de las mejores especies, con mayor proliferación y de fácil adaptación a nuestro clima. Esto llevó a que unos años después, y gracias a la fertilidad de las aguas, esta especie se propagara por todo el territorio, y, Temascal y San Pedro Ixcatlán, se convirtieron en puertos pesqueros, donde a pesar de los compradores foráneos hubo temporadas en que desecharon decenas de toneladas de mojarras. Al paso de los años el agua ha perdido su fertilidad, y hoy la pesca en estos lugares ha dejado de ser una opción para los marginados mazatecos.
               –¡Si el voto de ustedes me favorece, gestionaré porque el...
Me fue imposible terminar la frase. De pronto me sentí rodar por el barranco, hasta caer cerca del lago. Entre mi aturdimiento alcancé a presenciar la muchedumbre que iba cuesta abajo. El terremoto arrancaba árboles y casas, y lanzaba los grandes peñascos hasta el agua de la presa. Desde el lugar donde caí, milagrosamente, pude resguardarme del peligro, sin salir del aturdimiento que me conducía a su abismo. Tal vez sufrí los delirios de la agonía, pues un montón de seres endemoniados danzaban en mi rededor repitiendo la palabra Candidato. Luego se fueron introduciendo por la única pared del pequeño barranco. La alucinación me impidió desviar los ojos de la pared donde quedaron impresas las figuras de los demonios. Alguien repitió tres veces mi nombre, hasta que un empellón me volvió a la realidad:
               –¿Te sientes bien?–, preguntó el compañero que me empujaba.
               –Nada–, le respondí. Y con la respiración agitada salí con tropiezos de la pequeña celda. Afuera, tres campesinos escuchaban el discurso del candidato.


miércoles, 1 de junio de 2016

Un poema de Voz de orquídea

La poeta María Dolores Reyes Herrera, conocida con el seudónimo "Voz de orquídea" (título de uno de sus libros), en su recorrido por la ciudad de Tuxtepec, donde compartió su poesía y su experiencia como tallerista. Nos regala uno de sus poemas.

Mi anhelo

Mi anhelo es navegar
y descubrir los arrecifes
que conforman de tus entrañas
                                        lo profundo.
Ser la nave surcando tus aguas,
       el inmenso turquí trascender
y mirar qué hay más allá.

Me atraes
e inspiras temor a la vez.

Me llevan a ti
                     los sentimientos encontrados
que me arrojan a conocerte.

Concluyo por entregarte mi vida
           y sean tus olas:
                               cuna,
                                       brazos
          que han de mecerme
                                    en la oscilación.