CLARA COBOS
TADEO
(TESTIMONIO DE LA INUNDACIÓN DE 1944)
Clara Cobos, de diez años, vivía a la orilla del río en una finca
pequeña con sus padres Belén Cobos Arceo y Petronila Tadeo Villegas. La casa
estaba dentro del predio El Yucal, propiedad de Manuel Delgado y que a
principios de siglo XX sirvió como campo de cultivo de yuca, materia prima para
fabricar almidón por parte de un químico y empresario francés llamado
Carlos Khun.
El lado de la casa que daba al río estaba a
la altura de El Castillo, sitio abundante en testimonios prehispánicos; en esa
playa trabajaba el padre de Felipe Matías Velasco y otras personas componiendo
y dando mantenimiento a chalanes y otras embarcaciones. Desde esa orilla la
pequeña hija de otro francés, Theodore Baldenberg, vio, cuarenta años atrás,
flotando en la lejanía como un sueño, la cumbre nevada del Pico de Orizaba.
Terminada la jornada estos trabajadores
dejaban sus herramientas en la casa de su papá Belén. Iba Clara con sus
hermanos Vicente, Raymundo y su prima Manuela a la escuela Ignacio Ramírez
cuando esta era todavía de techo de palma y estaba a la orilla del río, cerca
de donde desembocaba la calle Ignacio Zaragoza. Su papá, como no le gustaba que
sus hijos atravesaran patio ajenos, les había hecho una escalera sobre un
barranco de tierra a la orilla del río para que subieran por ella hasta llegar
a la escuela.
A las seis de la mañana del día 23 de
septiembre de 1944 el nivel del río alcanzó la finca. Belén Cobos puso a su
familia en una embarcación propia y tirando de ella, evadiendo la corriente
del río y con el agua a la cintura, atravesó el predio inundado de
El Yucal con intención de llegar hasta San Antonio Encinal, pero se detuvo
dentro de la propiedad de los hermanos Cobos, parientes suyos; propiedad
convertida en colonia y conocida actualmente como Los Cobos. Allí, un señor
llamado Pepe Magaña les dio asilo en su vivienda. En la falda de la loma donde
se hallaba la casa, Belén Cobos amarró su chalupa.
Lejos, en algunas lomas, se podía ver ganado
abandonado. La familia estuvo dos días sin comer, solo bebiendo agua de lluvia.
Cuando a los tres días las aguas se
retiraron, acertaron a pasar a caballo un par de refugiados españoles, los
dueños de unas milpas cercanas que se salvaron de la voracidad del agua y de
las reses y al reconocer al padre de Clara consintieron que este señor
cosechara los elotes que pudiera. Las dos familias, los Cobos y los
Magaña, pudieron comer entonces.
Sin casa donde habitar después de la
creciente, buscaron asilo junto a la familia de su papá Belén, en la casa del
abuelo. Esta familia que vivía en La Piragua ya los daba por muertos, así que
se sorprendieron mucho al verlos a las puertas de la casa.
La señora Petronila Tadeo Villegas nunca se
repuso de aquella calamidad y falleció en diciembre. El cortejo fúnebre salió
de La Piragua y pasó por entre lomas de tierra acumulada.
Hasta ese momento la pequeña Clara Cobos
Villegas, tomada de la mano callosa de su papá, conoció por primera vez el
parque Juárez y el panteón del pueblo.
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