INDICE

martes, 22 de enero de 2019

En honor al Cronista Felipe Matías Velasco

“El hombre de La Chingada

Sabino Pérez Ramírez


Quien tiene la palabra puede decir mucho. Quien sabe utilizarla logrará más. Pero quien la acalla morirá de inanición. Felipe Matías decidió utilizarla, expresar lo que quería, como lo hace todo aquel que la conoce y no teme hacer uso de ella. Pero Felipe era poseedor de una insuperable virtud, no solo de conocer la palabra, sino de saberla encausar, de arrancarle a las cosas sus expresiones y transmitirla a los receptores. Así era Felipe. Porque tenía ese don de escuchar las voces de las cosas, sus emociones, sus injurias por la perversidad humana, y hacer suyo el sufrimiento y las alegrías de ellas, las cosas que platicaban con él. Me refiero a las cosas inanimadas y a los seres vivos, incluyendo al hombre. A Felipe le sobraba oídos y palabras y humor para todo, porque su corazón era más grande que él mismo, por eso todos podían tocarlo, hacerlo vibrar más allá de sus palpitaciones, porque era un corazón bondadoso, presto para recibir las emociones de otros corazones. Así era el corazón de Felipe. Un corazón que se ensanchaba cuando alguien se acercaba a escuchar sus latidos.
Para nacer he nacido, para encerrar todo cuanto a mi pecho golpea como un nuevo corazón tembloroso, escribió el poeta chileno Pablo Neruda. Y es que los poetas son más que palabras, más que palabras vanas de predicadores de salvación, van más allá de las metáforas recurrentes. Así era “Lipe”, como le decíamos sus amigos, un hombre entregado a la palabra, y con ella movía corazones. Era poseedor de un gigante corazón de niño, que lo expresaba a través de cada uno de sus poros, en cada uno de los objetos que transformaba con la magia de sus manos, en su artesanía, en sus crónicas y en sus poemas.
Narrar la vida del Tuxtepec querido era para Lipe cosa cotidiana, y para sus escuchas un romance de aves despertando en el espejo reverberante del Papaloapan. Era el poder embelesante de su palabra y, el río, el coloso agonizante, su compañero de cuitas, iba cansando sus pasos junto a él; y sus pasos, los de Lipe, iban rengueando firmemente en la ribera, para no volcarse en la curva donde el río pasa cansado la región de los muertos.
¿No oyes ladrar los perros? Para Lipe los perros no ladraban, sólo se comunicaban con él de una forma diferente que los humanos. No lamían sus manos, sino lo saludaban para agradecer sus atenciones, sus múltiples atenciones. Los perros eran parte de su familia, la familia que él eligió para compartir sus penas y sus buenas, y las pulgas con sus uñas gastadas de tanto rascarle el cuero a los canes también fueron parte de su entorno. El corazón de Lipe daba para eso y más, haciendo suyo el dicho si eres dueño de la vaca también del becerro, y hacerle un refugio a las pulgas qué más daba, total, ellas sabían escoger el suculento manjar que representaba cada uno de los canes. Allí se reflejaba el verdadero corazón del  hombre de “La chingada”, que para eso era un chingón, no chingaderas, porque cada perro que chingaba la sociedad, no se lo llevaba la chingada si se cruzaba en el camino de Lipe, por el contrario se levantaban chingonamente para conocer a su nueva familia.
Amores perros. Ellos amaban de verdad, como aman los que no conocen la tiranía existente más allá de la barrera que le prohíbe tener una libertad sin condiciones. El amor era sincero, hombre y bestia, sin ladridos ni lamidas, porque los que se aman se cuidan sin reservas, se vuelven una familia sin condiciones, y Lipe era el hermano mayor, el hermano hombre, el hermano espíritu, el hermano deidad que los protegía, los alimentaba, y les iluminaba el camino a lo desconocido cuando partían del mundo físico al mundo donde los seres ingenuos se santifican.

Yo quiero recordar a ese Lipe, al de Independencia, al de La Piragua, al recolector de pellejos y perros, de perros y pulgas; de miradas y saludos, de bromas y chascarrillos; al Lipe humanista, al de la sonrisa franca, al niño-hombre, al de las rodillas cansadas que lo llevaron al seno de la madre tierra, no para volver al polvo de donde fue formado, sino para trascender al mundo donde los seres se purifican, para darle sentido al llanto de los humildes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario