INDICE

jueves, 2 de junio de 2016

EL CANDIDATO (Un cuento de Sabino Pérez Ramírez)

EL CANDIDATO (Cuento)

La embarcación resintió el peso de los doce compañeros que conformábamos la comitiva de campaña. Una de las chicas se encasquetó un chaleco salvavidas y se dibujó una cruz imaginaria cerca del rostro. Para algunos quizás era una aventura diferente el navegar por agua, y el temor los hacía afianzarse de la borda.
               El motorista se introdujo en el laberinto de mogotes a lo largo de la falda del cerro. Poco más de una hora de navegación fue suficiente para sentirle confianza a la embarcación, descubrir isletas conforme avanzábamos, tomar fotos a las aves y, sobre todo, admirar el gigantesco Cerro Rabón, con su abundancia vegetal, donde el agua de la presa encaramó a los campesinos. “Al campo se lo tragó el agua; allá, arriba, es difícil la siembra, porque los árboles ocupan la tierra que sacan de’ntre las piedras”, se había expresado con resentimiento un mazateco, con el coraje reprimido desde que el agua los fue empujando hasta colgarlos de los cerros.
               El lanchero conducía sin titubeos, con la seguridad de quien conoce palmo a palmo el vaso de la presa. Unos  tripulantes cabeceaban; otros en el plan de la embarcación, y más atrás, dos compañeros hacían esfuerzos para conversar en medio del ruido monótono del motor. Algunos quizás admiraban el paisaje y las rancherías diminutas en los cerros.
               A media mañana arribamos a Buenos Aires, comunidad que hace más de cuarenta años fue sembrada sobre ese pequeño cerro por algunos afectados de la presa.

               La gente nos miraba con desdén mientras caminábamos por una calle empastada hasta el lugar donde se ubica la Agencia Municipal. Nos detuvimos bajo la sombra de un árbol frente al pequeño edificio, donde el pasto se extiende a lo largo de una especie de cancha deportiva. En el extremo paralelo a la Agencia se ubica una Escuela Primaria Bilingüe, abandonada por problemas magisteriales, en espera de escucharse el bullicio de esos pequeños mexicanos de nuestro futuro incierto.
–Qué importa el reformas educativas, si en nuestro país sólo se vive con un mínimo, bueno, hablando del educación, porque en la económicos apenas sobrevivimos– Se expresó con indiferencia uno de los curiosos mientras se soplaba con su sombrero de palma.
               Al otro lado de la cancha se levanta una construcción de concreto y lámina de zinc.  La autoridad auxiliar nos sugirió reunirnos en el corredor de ese edificio, donde sentí curiosidad al ver una puerta de madera semiabierta, cuadriculada. Cuando entré, no pude evitar las figuras grotescas en las paredes, pues al parecer el departamento había servido de cárcel, así lo demuestran los dibujos de personajes y seres demoníacos que manifiestan el estado emocional de los que alguna vez estuvieron prisioneros. Los grabados me extasiaron. Un bullicio de personas me arrancó de la pesadilla, al menos eso pensé. La luz del mediodía entraba rutilante; hasta ese momento me di cuenta de los reclusos que murmuraban en dialecto. El flash fotográfico golpeaba las sombras de los prisioneros sobre las paredes recién repelladas. No comprendía lo que pasaba, sin embargo expresé unas palabras, que sólo las había escuchado de quienes buscan el voto popular; un escandaloso aplauso avivó mis emociones. Cuando salí, consciente de que una realidad diferente me aguardaba, fui sorprendido por una multitud que repetía mi nombre. Me encontraba perplejo, pues pensé que Buenos Aires era una comunidad diferente, al menos así la aprecié cuando llegamos. A pesar de ser un lugar abandonado por el Gobierno, los ánimos de sus habitantes hicieron sentirme familiarizado con el ambiente, sobre todo de aquellos que fueron transportados hasta este lugar para escuchar el mensaje proselitista. Todos hablaban en dialecto, sólo mi nombre identificaba. 
               –¡Soy su candidato!–, les dije. Y luego les hablé de los problemas del campo y los problemas económicos por el  que atraviesa el país.
               –¡Nos han engañado durante mucho tiempo!–, dijo uno de los líderes mientras miraba a sus compañeros que meneaban la cabeza para apoyarlo.  
Una parvada de pelícanos se arremolinaba en el cenit. Algunas embarcaciones se acercaban cargadas de gente con propaganda. La multitud escuchaba atenta el mensaje que creían diferente al de los candidatos anteriores; por eso les sorprendió que yo pidiera la oportunidad para realizar un buen gobierno, porque:
               –¡Si logramos ganar, habremos entrado en un proceso de cambio verdadero en nuestro país!–, les dije. Quizás ellos no saben que si esto sucede, existirá un poder paralelo al ejecutivo, que medie los excesos presidencialistas.
               –¡Lucharemos porque la cámara deje de ser subordinada!–. Estaba seguro que entendían mis palabras, o que al menos creían entenderlas; y si no era así, mis compañeros se encargaban de dar el inicio de los aplausos.

               Algunas aves abandonaban sus actividades de pesca, allá, en la lejanía del agua tibia de la presa. Un perro  color pajizo zangoloteaba la lengua por el calor, reposando bajo el kiosco de concreto, cerca de la escuela.
               –¡Se debe empezar desde abajo, el políticos debe hablar de frentes a mi pueblo, por eso creemos que tú sí nos dices la verdá, porque no nos traes promesas!–. Con palabras entrecortadas se expresó un campesino que jugaba con su sombrero. Ellos saben que en tiempos de elecciones los candidatos les regalan despensas, o  materiales para construcción, y que el Gobierno les reparte dinero a través de programas que “benefician” al campo. Ellos también saben que el dinero se lo dan a cambio del voto; porque así lo manifestaron; por eso, cuando llegamos, el Agente y dos de sus hombres me dijeron a solas que ellos venden su voto, por lo que no dudé en extenderles una buena cantidad de dinero. Sin embargo, lo que no saben es el porqué de la crisis económica, ni que se les cobra ese “regalito” a un precio muy alto.
               –¡Yo estuve en contra de que se hiciera la presa!, les dije, ¡porque iba a perjudicar las mejores tierras de esta regione, y a ustedes los iban a aventar a las partes altas!
               –¡Dile eso a mis paisanos en dialeto, dícelo! –intervino uno de los concurrentes– ¡porque ellos deben saber eso!–. Los lugareños agacharon la cabeza con impotencia para defenderse de sus victimarios.
               Algunos ancianos oteaban hacia el vaso de la presa, recordando, tal vez, aquellas tierras fértiles que quedaron sepultadas bajo el agua; o los días de buena pesca que era una opción en su economía. Pero somos educados en la medianía y el conformismo, para ser utilizados por unos cuantos que suben al poder a enriquecerse.
               –¡Les agradezco a todos los que a pesar de las inclemencias del tiempo acudieron desde sus comunidades para brindarme su apoyo; pero tengan en cuenta que las inclemencias del tiempo son una bendición de Dios, porque les dan el equilibrio a nuestro planeta, sin embargo, las inclemencias de los malos gobernantes, esas provocan la desestabilización social!–. Las ovaciones fueron elocuentes.

               Los que nos acompañaban en este recorrido subieron a las lanchas. A pesar de la ausencia de nubes el sol no brillaba con intensidad, y con la brisa se sentía menos el calor. Desde lejos se aprecia San José Independencia incrustado en una parte del cerro. Un trascabo emparejaba una loma, donde, según los lugareños, “allí construirán la unidad deportiva”.
               –Un inversión bastante fuertes, habiendo en San José otras necesidades– dijo más tarde uno de los habitantes.
               Fuimos bien recibidos, conforme recorríamos ese poblado de trazos quebradizos y agotadores altibajos de las calles. Desde las partes altas se aprecia una buena extensión del vaso de la presa Temascal. El gobierno había realizado una considerable cantidad de criaderos de mojarra Tilapia, con la cual se beneficiarían los habitantes que formaron núcleos poblacionales en las márgenes del vaso. Para esos habitantes que no quisieron alejarse de sus lugares de origen, el gobierno buscó la forma de mantenerlos contentos, y encontró en la mojarra Tilapia, una de las mejores especies, con mayor proliferación y de fácil adaptación a nuestro clima. Esto llevó a que unos años después, y gracias a la fertilidad de las aguas, esta especie se propagara por todo el territorio, y, Temascal y San Pedro Ixcatlán, se convirtieron en puertos pesqueros, donde a pesar de los compradores foráneos hubo temporadas en que desecharon decenas de toneladas de mojarras. Al paso de los años el agua ha perdido su fertilidad, y hoy la pesca en estos lugares ha dejado de ser una opción para los marginados mazatecos.
               –¡Si el voto de ustedes me favorece, gestionaré porque el...
Me fue imposible terminar la frase. De pronto me sentí rodar por el barranco, hasta caer cerca del lago. Entre mi aturdimiento alcancé a presenciar la muchedumbre que iba cuesta abajo. El terremoto arrancaba árboles y casas, y lanzaba los grandes peñascos hasta el agua de la presa. Desde el lugar donde caí, milagrosamente, pude resguardarme del peligro, sin salir del aturdimiento que me conducía a su abismo. Tal vez sufrí los delirios de la agonía, pues un montón de seres endemoniados danzaban en mi rededor repitiendo la palabra Candidato. Luego se fueron introduciendo por la única pared del pequeño barranco. La alucinación me impidió desviar los ojos de la pared donde quedaron impresas las figuras de los demonios. Alguien repitió tres veces mi nombre, hasta que un empellón me volvió a la realidad:
               –¿Te sientes bien?–, preguntó el compañero que me empujaba.
               –Nada–, le respondí. Y con la respiración agitada salí con tropiezos de la pequeña celda. Afuera, tres campesinos escuchaban el discurso del candidato.


No hay comentarios:

Publicar un comentario