Voy a cruzar la frontera, voy a buscar a
Dolores…
Canción popular
NO TAN LEJOS CORAZÓN
1856 se leía en la parte posterior de la foto
que Cuco y Verónica se habían tomado en la terminal de autobuses el día que él
partió para el norte. Retumbaba siempre en su mente el número que los separaba,
1856 km. es la distancia que hay de Oaxaca a Houston o de Madrid a
Inglaterra. Ella medía la distancia en un globo terráqueo con una cinta métrica
que guardaba su mamá en uno de los cajones de la máquina de coser, se
preguntaba por qué no había otro tipo de señal, por ejemplo: cuánta distancia
hay entre Ana y José, Arturo y Jovita, o de un punto X (corazón de Verónica) a
un punto Y (corazón de Cuco). Borró los nombres de las ciudades en el globo y
puso su nombre y el de su amado.
Los domingos al salir de misa sus
conocidos le preguntaban ¿cuándo regresa? Ella contestaba sin inmutarse -para este
diciembre retorna. Llevaba varios años de su partida y la fotografía la
conservaba aún con buen color, los pintaba de una felicidad juvenil, los ojos
brillantes, ilusionados por su porvenir, porque Cuco había ido a eso, a
trabajar duro para juntar dinero, construir su casita y poner un negocio con
qué mantenerse a su regreso. Antes de su partida tuvieron dos hijos, los
cuales crecían y olvidaban poco a poco a su padre. Ella se
encargaba de recordarles diariamente cómo era Cuco, quizá con eso sus memorias
de niños, que se llenaban de imágenes y de experiencias, no olvidarían el
recuerdo de su padre, que poco a poco para ellos se fue convirtiendo en un
sueño. Al menos eso decían cuando sus amigos les preguntaban ¿recuerdas a tu padre? -sí, como en un sueño-
respondían.
Algunas noches ella lloraba al
recordar el bonito noviazgo que tuvieron, y esos recuerdos le daban fuerzas
para la espera, diario se comunicaban por teléfono y la voz de Cuco la
escuchaba siempre igual que el mismo día que se fue, salvo en épocas de gripe que
se le tornaba grave. Cada año desde hacía muchos se postergaba su llegada, él
decía que se quedaría un año más, tenían que ahorrar para otros terrenitos, ya
con la casita no bastaba.
El día de su regreso, Verónica, sus
hijos y la foto vieja fueron a recibirlo en la misma terminal de donde partió
años atrás. Al bajar del autobús ella no lo reconoció, él se acercó, abrazó a
Verónica que puso sus manos en x sobre su pecho, ella impávida, sin saber qué
decir ni qué hacer, se sentía prisionera en los brazos de un extraño, sólo
alcanzaba a mover sus ojos y escanearle la cara buscando a Cuco, lo sacudía
para ver si detrás de esa cara ya marchitada por el sol, el tiempo y el arduo
trabajo en Houston aparecía su amor. Se despegó de él y salió corriendo, la
fotografía por tantos años guardada la arrojó a una coladera, en su mente
rebotaban como en una licuadora los números 1,8,5 y 6 pensaba ¿qué había pasado? Por qué le era
repugnante abrazarlo, le resultaba una persona extraña y únicamente tenía
vestigios de Cuco en su mirada, para ella esos años que transformaron el cuerpo
de su esposo los seguía separando y ella decidió correr, avanzar 1856 km.,
regresar el tiempo para encontrar a su corazón que quince años antes había
partido de la terminal de autobuses.
A lo lejos, en una cantina de
barrio, se escuchaba un estribillo de canción que salía de una vieja sinfonola
y un par de borrachos cantaban desafinados: “ fallaste corazón, no vuelvas a
apostar".
Óscar Contreras Hernández (Orizaba, Ver.)
Ha publicado
en redes sociales
Es
integrante del taller literario de la
Asociación
Artístico-Cultural El Flamenco A. C.
No hay comentarios:
Publicar un comentario