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lunes, 4 de marzo de 2019

Un cuento de Óscar Contreras


Voy a cruzar la frontera, voy a buscar a Dolores…
                                                 Canción popular

NO TAN LEJOS CORAZÓN


1856 se leía en la parte posterior de la foto que Cuco y Verónica se habían tomado en la terminal de autobuses el día que él partió para el norte. Retumbaba siempre en su mente el número que  los separaba,  1856 km. es la distancia que hay de Oaxaca a Houston o de Madrid a Inglaterra. Ella medía la distancia en un globo terráqueo con una cinta métrica que guardaba su mamá en uno de los cajones de la máquina de coser, se preguntaba por qué no había otro tipo de señal, por ejemplo: cuánta distancia hay entre Ana y José, Arturo y Jovita, o de un punto X (corazón de Verónica) a un punto Y (corazón de Cuco). Borró los nombres de las ciudades en el globo y puso su nombre y el de su amado.

Los domingos al salir de misa sus conocidos le preguntaban ¿cuándo regresa?  Ella contestaba sin inmutarse -para este diciembre retorna. Llevaba varios años de su partida y la fotografía la conservaba aún con buen color, los pintaba de una felicidad juvenil, los ojos brillantes, ilusionados por su porvenir, porque Cuco había ido a eso, a trabajar duro para juntar dinero, construir su casita y poner un negocio con qué mantenerse a su regreso. Antes de su partida tuvieron dos hijos, los cuales  crecían  y olvidaban poco a poco a su padre. Ella se encargaba de recordarles diariamente cómo era Cuco, quizá con eso sus memorias de niños, que se llenaban de imágenes y de experiencias, no olvidarían el recuerdo de su padre, que poco a poco para ellos se fue convirtiendo en un sueño. Al menos eso decían cuando sus amigos les preguntaban  ¿recuerdas a tu padre? -sí, como en un sueño- respondían.

Algunas noches ella lloraba al recordar el bonito noviazgo que tuvieron, y esos recuerdos le daban fuerzas para la espera, diario se comunicaban por teléfono y la voz de Cuco la escuchaba siempre igual que el mismo día que se fue, salvo en épocas de gripe que se le tornaba grave. Cada año desde hacía muchos se postergaba su llegada, él decía que se quedaría un año más, tenían que ahorrar para otros terrenitos, ya con la casita no bastaba.  

El día de su regreso, Verónica, sus hijos y la foto vieja fueron a recibirlo en la misma terminal de donde partió años atrás. Al bajar del autobús ella no lo reconoció, él se acercó, abrazó a Verónica que puso sus manos en x sobre su pecho, ella impávida, sin saber qué decir ni qué hacer, se sentía prisionera en los brazos de un extraño, sólo alcanzaba a mover sus ojos y escanearle la cara buscando a Cuco, lo sacudía para ver si detrás de esa cara ya marchitada por el sol, el tiempo y el arduo trabajo en Houston aparecía su amor. Se despegó de él y salió corriendo, la fotografía por tantos años guardada la arrojó a una coladera, en su mente rebotaban como en una licuadora  los  números 1,8,5 y 6  pensaba ¿qué había pasado? Por qué le era repugnante abrazarlo, le resultaba una persona extraña y únicamente tenía vestigios de Cuco en su mirada, para ella esos años que transformaron el cuerpo de su esposo los seguía separando y ella decidió correr, avanzar 1856 km., regresar el tiempo para encontrar a su corazón que quince años antes había partido de la terminal de autobuses.
A lo lejos, en una cantina de barrio, se escuchaba un estribillo de canción que salía de una vieja sinfonola y un par de borrachos cantaban desafinados: “ fallaste corazón, no vuelvas a apostar".



Óscar Contreras Hernández (Orizaba, Ver.)
Ha publicado en redes sociales
Es integrante del taller literario de la
Asociación Artístico-Cultural El Flamenco A. C.

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