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jueves, 15 de septiembre de 2016

Fragmento de novela inédita, El Gálata Moribundo

Mi tío favorito


2013. Septiembre, mes de la patria. Feliz regreso a clases a los que vamos a escuelas particulares. De este nuevo ciclo escolar me encantan los lunes porque salgo una hora antes. Escribo lo más sobresaliente de este mes.
El día trece se conmemora un aniversario más de los Niños Héroes. Mi tío favorito dice que es algo inútil festejar a los héroes que dieron su vida en aras de la patria. “Este país se está desmoronando” dice “y los responsables hacen que nuestros héroes dieran su vida por nada, por una patria que ya no es nuestra”. Todos los que entonces asisten a dar El grito van a celebrar el nacimiento de un país que, cuando yo sea adulta, ya no será libre y soberano: un país de a mentiritas sostenido por mentiras.
¿Cómo percibo a los Niños Héroes? Como imágenes de estampita, como santitos sin aureola. Me gustan algunos de sus nombres: Francisco, por ejemplo… –¿Cómo puedes festejar El Grito con nombres tan extraños como Gilbert o Brian? “Espíritu colonizado” dijera mi tío favorito–. Dicen que las niñas maduramos antes que los varones y un médico dice que hace siglo y medio tardábamos bastante más en llegar a la edad reproductiva. Los hombres siempre han sido más lentos y en esos años los niños, a pesar de la edad, eran niños verdaderamente.
Ese mismo día, por cierto, en un programa de tv local, un gordo vestido de mujer fodonga usó la bandera nacional como mantel para poner su vaso de tequila, para que una invitada comiera tacos y que otro echara las nalgas sobre el escudo nacional; “¿cuál patria”? dijera con indignación mi tío favorito. “Estos cabrones si no tienen madre, patria tampoco”. Al día siguiente, un negro le partió la mandarina en gajos al “Canelo”. Un pinche drama. Trago amargo rebajado con sorbos de Heineken en botella verde para los que ven cómo se juega el honor de la patria en un cuadrilátero.
Prietitas con trenzas aparte, sé que los hombres de cualquier edad prefieren a las mujeres jóvenes, delgadas y güeras (ahí está el detalle con Cantinflas: pura güera; y el Cantinflas de entonces no pudo equivocarse). Nada les da más gusto que ver esos muslos blancos desprotegidos por shorcitos de mezclilla (lo sé porque más de una triste señora desengañada afirma eso).

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