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domingo, 21 de abril de 2019

MACARIA

Cuento
Claudio Méndez

Lastimado del brazo llegó al pueblo, cerca del amanecer. Los militares ocupan la plaza, y  una brigada se suma a ellos; llevan detenida a una mujer. El recién llegado sube al piso contiguo del edificio municipal; oculto entre la penumbra escucha lo que hablan los uniformados “No aparecen dos. Se perdieron entre las sombras. Cosas sobrenaturales, comentan”. Algunos rehúsan patrullar nuevamente. Detrás de la montaña se miran los primeros rayos del sol. Cantan los gallos. Las calles cobran vida.
Cansado se dispone a dormir. Un murmullo de voces le arrulla las fantasías de sus sueños. A cada momento el peregrinar de las horas consume cada uno de los segundos en el tiempo. Sin previo aviso llega la tarde, al filo del anochecer.
Esposada a una banca está Macaria. Matizado en plata su cabellera es agitada por el viento. Llegan las mujeres de su pueblo y los guardias les impiden acercarse a ella. El ocaso dibuja líneas doradas sobre los techados. El viento del sureste se encauza en un solo sentido atravesando el poblado, hasta estrellarse en las montañas.
Cuando los militares le quitan las esposas, y un grupo de muxes le ofrecen cosas, ella sólo acepta un puro, luego con una escoba se dispone a barrer la plaza. Al levantar el rostro cruza su mirada con la del ave. Ella sonríe. Hace muchos años tuvieron amores. Diferencias entre pueblos impidieron la relación, y el secreto de su idilio fue guardado por las montañas.
Enciende su puro, y saborea el humo que sale de su boca; en recuerdo al pasado da vueltas alrededor de la hoguera que hizo, como por arte de magia. El humo se levanta como fantasmas que se funden en la oscuridad. A lo lejos las mujeres, tomadas de la mano, danzan y cantan en su lengua, como si volaran con el taconeo de sus zapatos. Un ave nocturna aletea, su herida ha sanado y levanta el vuelo. Macaria ríe a carcajadas, y convertida en una esfera luminosa se pierde en la distancia, junto a su amado. Los guardias se miran asustados, y tiemblan por la escena paranormal.
La noche, con sus hilos de plata, es cómplice de la pareja que se pierde entre las montañas.

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