Cuento
Claudio Méndez
Lastimado del brazo llegó al pueblo, cerca del
amanecer. Los militares ocupan la plaza, y una brigada se suma a ellos; llevan detenida a
una mujer. El recién llegado sube al piso contiguo del edificio municipal; oculto
entre la penumbra escucha lo que hablan los uniformados “No aparecen dos. Se perdieron
entre las sombras. Cosas sobrenaturales, comentan”. Algunos rehúsan patrullar
nuevamente. Detrás de la montaña se miran los primeros rayos del sol. Cantan
los gallos. Las calles cobran vida.
Cansado se dispone a dormir.
Un murmullo de voces le arrulla las fantasías de sus sueños. A cada momento el
peregrinar de las horas consume cada uno de los segundos en el tiempo. Sin
previo aviso llega la tarde, al filo del anochecer.
Esposada a una banca está
Macaria. Matizado en plata su cabellera es agitada por el viento. Llegan las
mujeres de su pueblo y los guardias les impiden acercarse a ella. El ocaso
dibuja líneas doradas sobre los techados. El viento del sureste se encauza en
un solo sentido atravesando el poblado, hasta estrellarse en las montañas.
Cuando los militares le
quitan las esposas, y un grupo de muxes le ofrecen cosas, ella sólo acepta un
puro, luego con una escoba se dispone a barrer la plaza. Al levantar el rostro
cruza su mirada con la del ave. Ella sonríe. Hace muchos años tuvieron amores.
Diferencias entre pueblos impidieron la relación, y el secreto de su idilio fue
guardado por las montañas.
Enciende su puro, y saborea
el humo que sale de su boca; en recuerdo al pasado da vueltas alrededor de la
hoguera que hizo, como por arte de magia. El humo se levanta como fantasmas que
se funden en la oscuridad. A lo lejos las mujeres, tomadas de la mano, danzan y
cantan en su lengua, como si volaran con el taconeo de sus zapatos. Un ave
nocturna aletea, su herida ha sanado y levanta el vuelo. Macaria ríe a
carcajadas, y convertida en una esfera luminosa se pierde en la distancia,
junto a su amado. Los guardias se miran asustados, y tiemblan por la escena
paranormal.
La noche, con sus hilos de plata, es cómplice de la
pareja que se pierde entre las montañas.
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