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domingo, 28 de abril de 2019

INTERCOLEGIAL 2019. COBAO. Tuxtepec


Alumnas participantes en el concurso literario, con Sabino Pérez Ramírez

EL CAOS DE LA SINGULARIDAD

Separé mis párpados luego de escuchar el sonido de la puerta al ser cerrada con brusquedad. Al parecer Cristina, mi compañera de departamento, había llegado.
–¡Estoy harta!-, la escuché decir entre sus murmullos incoherentes.
–¿Y ahora? ¿A qué se debe tan radiante humor?- pregunté.
–Vengo de la casa de mi madre, no sé qué le pasa, pero ha estado insoportable conmigo.
–Debo suponer que ya hablaste con ella sobre la razón de su comportamiento. ¿Cierto?
–¡Pff!, ya vas otra vez con tus sermones de anciana sobre la comunicación y bla bla bla.
–Nunca te he contado cómo nació mi insistencia por ese tema ¿verdad?- le dije algo molesta por el tono despectivo que usó antes.
–No- contestó a secas.
–Ven. Siéntate- Nos sentamos en el sofá e ignoraba sus gestos, resignada procedí a narrar.
–Mi mamá tuvo que irse a Estados Unidos cuando yo tenía siete años, esto por nuestra situación económica tan complicada que tuvimos desde la desaparición de mi padre a mis seis años, eso tú ya lo sabes… me dejó con mis abuelos, todo iba perfectamente, hasta la llegada de aquél primero de abril, ya a mis nueve años de edad. Fue un día soleado, en el que el calor de la gran estrella por la cual subsistimos, me tostaba ligeramente la piel mientras jugaba con las mariposas en el jardín marchito de mis abuelos, llegó mi abuela de hacer las compras y corrí a ayudarla, ya que venía casi ahogada de bolsas del mercado, siempre que llegaba de las compras me daba un beso en la mejilla y un cariñoso abrazo, pero, ese día su indiferencia contrastó con la calidez del clima, ni siquiera volteó a verme al entrar a casa, me enojé por eso, más no le dije o pregunté nada. El reloj tarareaba el pasar del tiempo, cantó las cinco de la tarde y mi abuela me habló para comer, al llegar al comedor observé que mi abuelo ya había llegado, lo saludé y me senté esperando a que me sirvieran, de repente noté que mi abuela temblaba mucho mientras servía el estofado, y cuando me di cuanta estaba inconsciente en el piso… con una sensación de frío y las manos sudadas corrí por el teléfono para pedir una ambulancia. Llegamos al hospital, mi abuelo y yo estábamos en la sala de espera; el dolor se intensificaba. Sentía mi alma escocer en la lumbre del temor contrario al calor del sol de primavera en mi cacería de mariposas. Mis piernas se movían en reflejo de ansiedad, el olor a alcohol y fármacos inundaba mis fosas nasales aturdiendo mis sentidos y cordura.
Al dar la noche, el médico se nos acercó con una expresión parecida a la que mostraba yo cuando me regañaban por hacer travesura, escupió tal noticia desgarradora, seguido de un hipócrita “lo siento”, mi abuela había muerto… resulta que ese día tenía elevada la presión arterial, por eso estaba tan indiferente, se sentía mal, todo ese estrés de estar mal, tener que ir al mercado, cuidar de mí y encima que yo mal pensara sus acciones le provocaron un paro cardiaco. ¿Sabes? En todos los años que llevo ardiendo en este infierno que llamamos vida me he quemado con dos llamas: la llama de un montón de leña adjunta para calentarse en un campamento, esa que mantiene recuerdos, esa que al ser cenizas te deja un consejo por cada mancha y negro en tu mano; y la llama de un hogar envuelto en fuego, esa que trepa a tu ropa buscando desgarrarla hasta llegar a tu piel para hacerle lo mismo, esa convierte recuerdos y enseñanzas en carbón… Pero ese día, fue algo diferente, fue la llama de un sacrificio, era una llama de agonía, lamentos, dolor, desesperación, una llama que al ser cenizas… sólo era eso, un residuo que mancha de negro, sólo cenizas.
–Cristina, deja ese orgullo tuyo, ve por tu celular y habla con tu madre, no trato de decirte con esto que si eres así te pasará lo mismo, sólo date cuenta cuando tu dignidad se convierte en orgullo perjudicial.
–Perdóname por lo que dije antes, me mofé de ti sin saber tus razones… Y gracias, por tu confianza.
–No te preocupes, ahora ve, que tienes una llamada por hacer.



Fabiola Arróniz Rivera
Alumna del COBAO 07, Tuxtepec, Oax.
Ocupó el primer lugar en el concurso
de cuento, realizado en el 37 Intercolegial 2019

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