(Fragmento)
En torno a la colonia El Castillo se han contado
muchas anécdotas desde que la gente llegó por primera vez a radicar en ese
lugar, y fueron extendiéndose hasta formar, lo que hoy conocemos como colonia
San Felipe y El Castillo. El asentamiento de esta zona poblacional se debió por
ser un lugar de más altura, representaba para ellos un lugar seguro en torno a
las inundaciones frecuentes en la región, por encontrarse asentada a la margen
del Río Papaloapan. La gente se enteró que en ese lugar se localizaba un
castillo metido entre las arboledas a escasos metros del río. Cuentan los
pobladores de mayor edad, que ellos no sentían curiosidad por conocer el
mencionado edificio, porque veían el lugar muy tétrico, y se contaba que era
resguardado por seres demoníacos, por ese motivo nadie se atrevía cruzar la
línea, para ellos prohibida. “Con el paso de los años se descubrió que no era
un Castillo embrujado, sino una pirámide azteca. Hubo quienes tuvieron el
atrevimiento de acompañar a algunas personas que sabían de la existencia de la pirámide,
quienes traían la encomienda de hacer investigaciones sobre la misma; así fue
como se supo que el lugar fue habitado por indígenas aztecas que llegaron a
este lugar con la finalidad de extender su dominio y obligar a los habitantes
de Tuxtepec a pagar sus impuestos. No fueron los únicos que vinieron a
investigar, ya han llegado varias expediciones, y cada quien se lleva un poco
de historia.
Así es como supimos de la pirámide.
Con el paso de los años, sobre todo por el nulo interés de las autoridades, el
lugar se ha ido deteriorando, todo se debe a que la gente ha excavado bajo las
pirámides, para buscar cosas enterradas, sin tener en conciencia el daño que le
han estado haciendo a la estructura; por ese motivo sólo queda un montón de
piedras, de lo que fue la pirámide”. Marcial es un hombre con cerca 80 años, y
radica en esta colonia desde hace más de 50; nos platica de anécdotas que ha
vivido en este lugar. Busca en su memoria un cúmulo de recuerdos, y sus ojos
parecen dilatarse cuando van desfilando los archivos históricos de su mente,
los recuerdos que le traen los episodios que urgen salir a la luz. “Nosotros
somos originarios de Ojitlán, venimos a vivir en esta colonia hace ya mucho
tiempo; compramos un terreno cerca de las lomas, donde hoy se encuentra el
tanque elevado. Cuando llegamos habían tres lomas, una pequeña, otra un poco
más grande y esa última, donde está el tanque de agua. Con el paso de los años
la gente fue destruyendo las lomas pequeñas, pero de esas nadie se acuerda;
cuando iban a tumbar la loma grande se empezaron a suceder cosas raras, cosas
extrañas; escuché por rumores de la gente que ahí iban hacer un parque
infantil, aunque nadie podía creer eso, porque en un lugar tan alto como ese,
no era posible que hicieran un parque para niños, ya que, para nosotros los
adultos era peligroso subir al cerro, para los niños era peor; eso se decía, pero
pasaron los meses y no pasaba nada, hasta que luego se confirmó que iban hacer
un tanque elevado. Una mañana muy temprano pasó algo muy extraño, apareció un
ave muy grande arriba de la loma, era un águila, tanto que la señora Mica,
quien era mi vecina, y su casa también estaba junto a la loma; me llamó y me
dijo Marcial mira eso que está en la loma, qué animal es, y por supuesto que
era un águila muy grande, con un copete rojo y un collar blanco; doña Mica, qué
cree que anuncie eso, le pregunté por ser una anciana y conocer los
significados de este tipo de cosas, ella contestó que ese animal traía un mal
presagio, que algo iba a pasar. El águila chillaba muy fuerte, como si fuera
una persona que estuviera gritando; doña Mica dijo que tal vez se secaría el
árbol, o que algo malo pasaría, y como a los seis meses, de repente y vienen y
rrrruuunn rrrruuunn, se oyó el ruido que provocaba las máquinas que vinieron a
derriba el árbol y los arbustos, que por cierto cayeron dentro de mi terreno, y
nadie se tomó la molestia de sacar la madera de mi patio, entonces la gente me
dijo que les regalara la madera, y solo así se llevaron los árboles. Cuando los
derribaron nadie dijo nada, y yo tampoco dije nada, nadie tenía que decir nada
porque eran los del ayuntamiento los que llegaron a cumplir su desastre, según
porque ya no tendrían que construir un tanque elevado, por eso la loma era muy
alta, y con eso ellos se ahorraría mucho dinero”. Marcial sigue recordando esos
momentos como si el tiempo no hubiera pasado, como si aún subiera las lomas de
ese lugar para conocer si había algunos misterios en ellas, porque según sabía
que eran pirámides de los antiguos pobladores que quedaron sepultadas con el
paso del tiempo. Rememoró que otras personas cuentan que han visto el águila
sobre el árbol de Nacazte que se ubicaba en la loma, también la habían visto
volar, por eso en ellos existe la interrogante de por qué un ave tan enorme
existe en este lugar, y por qué sólo unos cuántos la han podido ver. “se
cumplió lo que dijo doña Mica que algo malo iba a pasar, y pues ya vez
derribaron los árboles, y, pues, el águila se fue. Lo curioso es que a los tres
meses murió la persona que tumbó el árbol, le decían El pinto, se llamaba don
Ernesto; ese señor fue el que hizo ese trabajo, y ya vez cómo le llegó la
maldición que a los tres meses murió. La gente más adulta sabía el poder oculto
que tenía esa loma; ellos lo sabían porque conocían lo que los ancianos
contaban…”
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