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lunes, 1 de abril de 2019

CRÓNICAS DE “EL CASTILLO”

 (Fragmento)
 Sabino Pérez Ramírez

En torno a la colonia El Castillo se han contado muchas anécdotas desde que la gente llegó por primera vez a radicar en ese lugar, y fueron extendiéndose hasta formar, lo que hoy conocemos como colonia San Felipe y El Castillo. El asentamiento de esta zona poblacional se debió por ser un lugar de más altura, representaba para ellos un lugar seguro en torno a las inundaciones frecuentes en la región, por encontrarse asentada a la margen del Río Papaloapan. La gente se enteró que en ese lugar se localizaba un castillo metido entre las arboledas a escasos metros del río. Cuentan los pobladores de mayor edad, que ellos no sentían curiosidad por conocer el mencionado edificio, porque veían el lugar muy tétrico, y se contaba que era resguardado por seres demoníacos, por ese motivo nadie se atrevía cruzar la línea, para ellos prohibida. “Con el paso de los años se descubrió que no era un Castillo embrujado, sino una pirámide azteca. Hubo quienes tuvieron el atrevimiento de acompañar a algunas personas que sabían de la existencia de la pirámide, quienes traían la encomienda de hacer investigaciones sobre la misma; así fue como se supo que el lugar fue habitado por indígenas aztecas que llegaron a este lugar con la finalidad de extender su dominio y obligar a los habitantes de Tuxtepec a pagar sus impuestos. No fueron los únicos que vinieron a investigar, ya han llegado varias expediciones, y cada quien se lleva un poco de historia.
Así es como supimos de la pirámide. Con el paso de los años, sobre todo por el nulo interés de las autoridades, el lugar se ha ido deteriorando, todo se debe a que la gente ha excavado bajo las pirámides, para buscar cosas enterradas, sin tener en conciencia el daño que le han estado haciendo a la estructura; por ese motivo sólo queda un montón de piedras, de lo que fue la pirámide”. Marcial es un hombre con cerca 80 años, y radica en esta colonia desde hace más de 50; nos platica de anécdotas que ha vivido en este lugar. Busca en su memoria un cúmulo de recuerdos, y sus ojos parecen dilatarse cuando van desfilando los archivos históricos de su mente, los recuerdos que le traen los episodios que urgen salir a la luz. “Nosotros somos originarios de Ojitlán, venimos a vivir en esta colonia hace ya mucho tiempo; compramos un terreno cerca de las lomas, donde hoy se encuentra el tanque elevado. Cuando llegamos habían tres lomas, una pequeña, otra un poco más grande y esa última, donde está el tanque de agua. Con el paso de los años la gente fue destruyendo las lomas pequeñas, pero de esas nadie se acuerda; cuando iban a tumbar la loma grande se empezaron a suceder cosas raras, cosas extrañas; escuché por rumores de la gente que ahí iban hacer un parque infantil, aunque nadie podía creer eso, porque en un lugar tan alto como ese, no era posible que hicieran un parque para niños, ya que, para nosotros los adultos era peligroso subir al cerro, para los niños era peor; eso se decía, pero pasaron los meses y no pasaba nada, hasta que luego se confirmó que iban hacer un tanque elevado. Una mañana muy temprano pasó algo muy extraño, apareció un ave muy grande arriba de la loma, era un águila, tanto que la señora Mica, quien era mi vecina, y su casa también estaba junto a la loma; me llamó y me dijo Marcial mira eso que está en la loma, qué animal es, y por supuesto que era un águila muy grande, con un copete rojo y un collar blanco; doña Mica, qué cree que anuncie eso, le pregunté por ser una anciana y conocer los significados de este tipo de cosas, ella contestó que ese animal traía un mal presagio, que algo iba a pasar. El águila chillaba muy fuerte, como si fuera una persona que estuviera gritando; doña Mica dijo que tal vez se secaría el árbol, o que algo malo pasaría, y como a los seis meses, de repente y vienen y rrrruuunn rrrruuunn, se oyó el ruido que provocaba las máquinas que vinieron a derriba el árbol y los arbustos, que por cierto cayeron dentro de mi terreno, y nadie se tomó la molestia de sacar la madera de mi patio, entonces la gente me dijo que les regalara la madera, y solo así se llevaron los árboles. Cuando los derribaron nadie dijo nada, y yo tampoco dije nada, nadie tenía que decir nada porque eran los del ayuntamiento los que llegaron a cumplir su desastre, según porque ya no tendrían que construir un tanque elevado, por eso la loma era muy alta, y con eso ellos se ahorraría mucho dinero”. Marcial sigue recordando esos momentos como si el tiempo no hubiera pasado, como si aún subiera las lomas de ese lugar para conocer si había algunos misterios en ellas, porque según sabía que eran pirámides de los antiguos pobladores que quedaron sepultadas con el paso del tiempo. Rememoró que otras personas cuentan que han visto el águila sobre el árbol de Nacazte que se ubicaba en la loma, también la habían visto volar, por eso en ellos existe la interrogante de por qué un ave tan enorme existe en este lugar, y por qué sólo unos cuántos la han podido ver. “se cumplió lo que dijo doña Mica que algo malo iba a pasar, y pues ya vez derribaron los árboles, y, pues, el águila se fue. Lo curioso es que a los tres meses murió la persona que tumbó el árbol, le decían El pinto, se llamaba don Ernesto; ese señor fue el que hizo ese trabajo, y ya vez cómo le llegó la maldición que a los tres meses murió. La gente más adulta sabía el poder oculto que tenía esa loma; ellos lo sabían porque conocían lo que los ancianos contaban…”

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