INDICE

jueves, 7 de febrero de 2019

EL TEQUIO



 Sabino Pérez Ramírez

La arena lista para ser paleada. Los sacos de cemento cortados por mitad, para facilitar la carga y el vaciado. Una pipa a poca distancia de las ollas revolvedoras. Los carretilleros en fila. Los paleadores. En la calle pedregosa se amontonan los menesterosos con palas y picos emparejando la tierra. Algunos echan agua y otros vacían carretillas de arena para cubrir la superficie. La gente ríe. Está alegre. Todos se suman en torno a su presidente municipal que no deja de extender arena sobre la calle. Él es el guía. El líder.
Ya son las nueve en esta mañana cálida, con manchas de sol por todas partes. Las nueve, y el movimiento de los que se acercan a ofrecer su apoyo es cada vez más abundante. Las aguas de sabor, los refrescos, la música y la animación de Elvis Mayoral, hacen el ambiente más festivo. Porque es una fiesta el tequio, donde hay música, bebidas, botanas, risas, pláticas. Pero sobre todo la alegría de quienes participan para lograr un bien común.
El presi Fernando da la señal para el pavimentado; los paleadores llenan latas de arena y Fernando, sin mucho esfuerzo vacía la primer lata en la olla revolvedora, como si hubiera dado cuerda a un reloj, y los engranajes comienzan a trabajar armoniosamente, engrane por engrane. De esta forma da inicio la actividad para el pavimentado de la calle, conocida como vialidad 1, manzana 2G, del Fraccionamientos Los Mangos. Las tres ollas revolvedoras comenzaron a trabajar al mismo tiempo: los paleadores, los cargadores de arena, los vaciadores de cemento, los carretilleros y los reguladores de agua con manguera en mano desde la pipa.
En la calle los albañiles esperan las primeras carretillas de mezcla. Las mujeres con aguas frescas y vasos desechables caminan sobre una banqueta angosta, haciendo malabares para no resbalar con tierra y gravilla que se extiende en la superficie. El desnivel de la calle hace más complicada la tarea de las menesterosas. ¡Quién quiere agua! ¡Quién quiere agua! ¡A mí dame un poco! ¡Yo también quiero!, otros más se acercan a pedir agua, y en poco tiempo regresan por más líquido. Pero ellas están contentas. Se siente útil, parte de este engranaje que trabaja para el mismo fin. ¡Aguas, aguas, van las carretillas con mezcla! ¡Ahí vacíalas, ahí! ¡Eso, hay que extenderla! Las carretilladas de mezcla van cayendo una a una. Vienen bajando en hilera hasta el tope de madera que atraviesa la calle separando la pavimentación en dos bloques: los que trabajan en la parte alta y los que esperan su turno en la parte baja. ¡Más dura! ¡Que la traigan más dura! Grita el albañil que extiende la mezcla con una cuchara. ¡Más dura, más dura! Van subiendo las voces hasta llegar a los revolvedores. Alguien pone un fragmento de tabla para complementar el tope, y evitar así el derrame de mezcla calle abajo.
Algunas personas descansan después de haber participado, esperan de nuevo su turno, pues no hay suficientes carretillas ni ollas. Los carretilleros van en fila, haciendo un esfuerzo redoblado para evitar que el vehículo se precipite en el desnivel de la calle. En esta faena lo mismo participan funcionarios públicos, el síndico Luz Oralia y varios regidores, directores, jefes de áreas, personal de confianza, el Agente de San Bartolo y presidente de otras colonias, todo con el mismo objetivo: ser parte de los tequios que el gobierno municipal viene practicando en todo el municipio, y este día especial, como un regalo de reyes, todos son Gaspar, Melchor y Baltazar que caminan sobre esta vialidad para dejar como regalo un calle mejor transitable.
Desde este ángulo se aprecia el movimiento de los operadores de ollas, los paleadores, los lateros, los aguadores, los cementeros, todos, como el engranaje del reloj. Pieza por pieza. Y el presidente incansable con su lata de arena. ¡Ey, Sabino, una foto acá! Chucho Román me indica que le tome una foto. Otros más se acercan para salir en ella. De fondo los mezcladores y carretilleros sin detener su movimiento. Los vecinos de otras calles se asoman a las puertas o ventanas de sus casas a observar la actividad de los tequiadores. Sus calles ya están pavimentadas. Si alguno de ellos se une al tequio, será porque así lo desea. Sin embargo hay quienes vienen de otras colonias o comunidades rurales. No porque tengan obligación de hacerlo, sino por el gusto de unirse a la actividad menesterosa de los que representan el gobierno municipal. Ahí va Tico, el Agente Municipal de San Bartolo con su carretilla de mezcla; tiene la camisa mojada por el sudor, al igual que todos los que hacen la actividad más pesada.
Una camioneta cargada de carretillas se detiene cerca del tumulto de personas que trabajan, observan, o reparten agua fresca. Algunos se acercan a bajar las carretillas y cada quien se lleva una para hacer fila rumbo a las ollas revolvedoras. ¡Quién quiere agua de sapo! Ofrece el maestro Campa, con un recipiente de agua verdosa y abundante hielo. Yo pido un vaso, y el escritor Javier Morán hace lo propio. En cuestión de minutos vacían el recipiente.
Ya se acerca la pavimentación a donde están los que preparan la mezcla. Dos mujeres extienden la mezcla con cepillos de madera. Otros más vacían sus carretillas junto de ellas.
¡A todos los compañeros, váyanse a la parte de abajo, para continuar en el otro extremo! Anuncia Elvis Mayoral. La mayoría baja por las estrechas banquetas, y otros prefieren hacerlo por las calles laterales. En la parte de abajo ya está la gente en actividad. Preparan mezcla, mientras se suman otras ollas revolvedoras más. Los carretilleros ya están listos para el acarreo de mezcla. Algunos llevan arena que extienden sobre la tierra húmeda. Varios hombre y mujeres utilizan palas en esta labor.
¡Pasen a comer! ¡Mientras unos hacen eso, los que deseen pasen a comer! Rocío anuncia ofreciendo el alimento. La comida que ella y los vecinos de esa calle prepararon para los afanosos. Quienes esperan su turno en el tequio se acercan a las mesas repletas de comida humeante en el patio de la casa de Rocío. ¡Es tesmole de pollo! Dice alguien mientras sirve comida. Los platos encuentran quienes se apiaden ellos, y los chasquidos de comensales invade el ambiente. Con un plato de caldo caliente, también yo le entro al tesmoleado. ¡Aquí está un lugar Sabino, yo ya terminé! Me indica uno de los comelones.
La boruca de los afanosos y la música hace del tequio una fiesta agradable. Pokemón baila con su cámara fotográfica, mueve su voluminosa humanidad al ritmo de una música rumbera, y las cámaras de los fotógrafos y periodistas recogen el acontecimiento de este día. El presidente da inicio a esta otra etapa de pavimentación, lleva su carretilla de mezcla, y el esfuerzo es aún mayor, porque ahora va empujando de subida. Una hilera de carretillas va cayendo y los albañiles extienden la mezcla a lo ancho de la calle.
El tramo es corto, por lo que la tarea se vuelve menos tediosa, y la suma de  menesterosos hace más ágil el avance de la pavimentación. Hay quienes observan mientras les toca su turno.
¡Desde hace ya unos meses habíamos hablado con el presidente municipal, y nos prometió que empezando el 2019 se haría como primera prioridad, y esta es una muestra de que cumplió su promesa! El que dice eso es Pablo, el presidente de esta colonia. Él afirma que desde hace 32 años venían solicitando la pavimentación, y asegura que por fin se está logrando a través de este tequio.
¡Me da mucho gusto que hayan venido a realizar este tequio. Esto jamás lo habían hecho otras autoridades, y siento emoción ver a Fernando Dávila con los funcionarios hacer esta labor, entre todos, para pavimentar nuestra calle! Rocío es vecina de esta calle, es la persona que ocupó su casa para ofrecer la comida. Asegura que un grupo de vecinos se organizaron, cooperaron para comprar el producto, y así, entre varias mujeres prepararon los alimentos.
¡Que el presidente eche la última carretillada para clausurar esta obra! Pide Elvis a través de la bocina. Los reporteros preparan sus cámaras y celulares para documentar el acto de clausura, como un acontecimiento especial ¡Por lo regular las autoridades clausuran sin ensuciarse las manos, pero el presidente Dávila, con su carretilla de mezcla,  clausura el tequio! Declara Elvis. Los presentes festejan con aplausos el acontecimiento. El presidente toma el micrófono y llama a los concejales y directores para que lo acompañen, mientras da un discurso.
-¡Agradezco a todos los que se sumaron a este primer tequio del año, y primero de esta nueva administración! Enfatiza que hubo un ahorro considerable, ya que la pavimentación costó sesenta mil pesos, y por otro medio el costo sería cercano al millón de pesos, y que gracias a la participación de todos, tendrán la oportunidad de apoyar a más colonia y comunidades, a través de esta práctica.
¡Setenta y cuatro metros lineales de pavimentación en apenas unas horas de ardua actividad, con la participación de autoridades y vecinos de esta calle!
Fernando dice que el compromiso era doble, porque en esta calle viven dos personas con problemas de discapacidad, y en tiempo de lluvia tenían que ser llevados en brazos a sus casas por sus familiares, sorteando el lodazal.
¡Y tenemos una sorpresa para una de ellas, para la menor Luz Estrella, a quien le entregaremos esta silla de ruedas, para que pueda trasladarse a donde desee!
El presidente llama a la mamá de Luz, a quien entrega la silla. Todos aplauden el acontecimiento. Y se preparan para la foto final. La foto que dará constancia de este primer tequio.

De fondo, la claridad de las cuatro de la tarde se refleja en la calle recién pavimentada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario