Sabino Pérez Ramírez
Después del lunes
ciudadano del 11 de febrero del 19, pasé por el Mercado Central, me llegaron
los recuerdos que quedaron sepultados bajo los cimientos del nuevo edificio: el
antiguo mercado, del que sólo haré referencia de una manera fugaz; me pareció
ver a Lauro Martínez, conversando con sus clientes, en su pequeña tienda de
abarrote en el lado izquierdo de la entrada principal, y en el otro extremo El
Parián, de Luis Santos, como los guardianes del antiguo edificio, que albergó
durante muchos años el mercado principal de Tuxtepec; en otro momento contaré
esa historia. Pasé por la avenida Independencia buscando a una persona del
mercado, de esos que no se instalaron en las carpas, que el gobierno municipal
destinó para los locatarios durante el proceso de remodelación del mercado,
quien se había visto afectado por los sismos del 2017. El motivo por el que
esta persona no aceptó una de las carpas, es porque vende pescados y
mariscos, y no le parecía un lugar adecuado para la venta de su producto, por
parecerle antihigiénico, por tal motivo decidió suspender su negocio durante el
proceso de remodelación, que demoró, según los lugareños, un año.
Las
puertas del mercado estaban abiertas, por la actividad de quienes van ocupando
sus lugares, acomodando sus productos, acondicionando los locales para una
mejor exhibición, según las necesidades de cada locatario. Me fui por uno de
los pasillos laterales hasta los barandales que sirven de valla para tener una vista
panorámica del hermoso río de las mariposas. Allí me encontré a Magín, el amigo
que buscaba. Nos saludamos con mucha cordialidad, por los años que pasaron sin vernos; él estaba en el mismo
local que tenía antes de la rehabilitación del edificio, con una hermosa vista
hacia el verdoso río. Gonzalo Martínez, es el nombre de nuestro personaje, a quien
lo conocen con el sobrenombre de Magín.
“Yo
llegué al mercado hace como 35 años, antes de la construcción de este edificio;
trabajé de ayudante en diferentes locales; luego me vine a trabajar como
ayudante de esta pescadería, hasta que los dueños me traspasaron el local,
desde entonces trabajo lo propio”. Gonzalo recordó esos años, en que salió de
su tierra natal: “Pescadito”, es una comunidad asentada a la margen de la presa
Miguel Alemán, perteneciente al municipio de Soyaltepec, conocido como
Temascal, colindante con el municipio de San Juan Bautista Tuxtepec, también en
el estado de Oaxaca.
Por
esos tiempos nos conocimos, puesto que nuestra actividad era la compraventa de
pescados y mariscos; Magín era joven, con esposa y a punto de nacer su primer
hijo. El acento de su voz demuestra su bilingüismo: mazateco y castellano, y su
rostro siempre alegre. A pesar de utilizar herramientas filosas nunca ha
sufrido algún percance. “Uno de los aliñadores sufrió un accidente al cortar la
cabeza congelada de un Robalo, cuando le tiró el golpe para cortarla, la mocha
rebotó y le dio en el dedo gordo de la mano, con un quejido seco levantó la
mano y enseñó el dedo que colgaba, lo puso en el tablón y lo cortó por
completo, le chupó la sangre y lo aventó al río”. Sacó de su memoria ese
episodio, que le pareció un acto, más que de valentía, de ignorancia o de
estupidez, por no saber que los médicos podrían salvarle el dedo, si se hubiera
ido al hospital; y además por no tener precaución, puesto que las herramientas
para el aliñado de pescados deben utilizarse de la forma correcta.
Magín
se recargó en los barandales y admiró, como todos los días, las aguas
tranquilas del río de las mariposas. “Hubo inundaciones que estuvieron a punto
de invadir los pasillos del mercado; el agua se llegó a asomar por las
pichanchas, y la vibración del edificio nos hizo pensar que se iría con la
corriente; gracias a Dios el agua nunca nos llevó”.
El
sol de la tarde le daba colorido a la ribera, haciendo contraluces bajo los
árboles de sauce.

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