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domingo, 17 de febrero de 2019

“MAGÍN”




Sabino Pérez Ramírez

Después del lunes ciudadano del 11 de febrero del 19, pasé por el Mercado Central, me llegaron los recuerdos que quedaron sepultados bajo los cimientos del nuevo edificio: el antiguo mercado, del que sólo haré referencia de una manera fugaz; me pareció ver a Lauro Martínez, conversando con sus clientes, en su pequeña tienda de abarrote en el lado izquierdo de la entrada principal, y en el otro extremo El Parián, de Luis Santos, como los guardianes del antiguo edificio, que albergó durante muchos años el mercado principal de Tuxtepec; en otro momento contaré esa historia. Pasé por la avenida Independencia buscando a una persona del mercado, de esos que no se instalaron en las carpas, que el gobierno municipal destinó para los locatarios durante el proceso de remodelación del mercado, quien se había visto afectado por los sismos del 2017. El motivo por el que esta persona no aceptó una de las carpas, es porque vende pescados y mariscos, y no le parecía un lugar adecuado para la venta de su producto, por parecerle antihigiénico, por tal motivo  decidió suspender su negocio durante el proceso de remodelación, que demoró, según los lugareños, un año.
Las puertas del mercado estaban abiertas, por la actividad de quienes van ocupando sus lugares, acomodando sus productos, acondicionando los locales para una mejor exhibición, según las necesidades de cada locatario. Me fui por uno de los pasillos laterales hasta los barandales que sirven de valla para tener una vista panorámica del hermoso río de las mariposas. Allí me encontré a Magín, el amigo que buscaba. Nos saludamos con mucha cordialidad, por los años que  pasaron sin vernos; él estaba en el mismo local que tenía antes de la rehabilitación del edificio, con una hermosa vista hacia el verdoso río. Gonzalo Martínez, es el nombre de nuestro personaje, a quien lo conocen con el sobrenombre de Magín.
“Yo llegué al mercado hace como 35 años, antes de la construcción de este edificio; trabajé de ayudante en diferentes locales; luego me vine a trabajar como ayudante de esta pescadería, hasta que los dueños me traspasaron el local, desde entonces trabajo lo propio”. Gonzalo recordó esos años, en que salió de su tierra natal: “Pescadito”, es una comunidad asentada a la margen de la presa Miguel Alemán, perteneciente al municipio de Soyaltepec, conocido como Temascal, colindante con el municipio de San Juan Bautista Tuxtepec, también en el estado de Oaxaca.
Por esos tiempos nos conocimos, puesto que nuestra actividad era la compraventa de pescados y mariscos; Magín era joven, con esposa y a punto de nacer su primer hijo. El acento de su voz demuestra su bilingüismo: mazateco y castellano, y su rostro siempre alegre. A pesar de utilizar herramientas filosas nunca ha sufrido algún percance. “Uno de los aliñadores sufrió un accidente al cortar la cabeza congelada de un Robalo, cuando le tiró el golpe para cortarla, la mocha rebotó y le dio en el dedo gordo de la mano, con un quejido seco levantó la mano y enseñó el dedo que colgaba, lo puso en el tablón y lo cortó por completo, le chupó la sangre y lo aventó al río”. Sacó de su memoria ese episodio, que le pareció un acto, más que de valentía, de ignorancia o de estupidez, por no saber que los médicos podrían salvarle el dedo, si se hubiera ido al hospital; y además por no tener precaución, puesto que las herramientas para el aliñado de pescados deben utilizarse de la forma correcta.
Magín se recargó en los barandales y admiró, como todos los días, las aguas tranquilas del río de las mariposas. “Hubo inundaciones que estuvieron a punto de invadir los pasillos del mercado; el agua se llegó a asomar por las pichanchas, y la vibración del edificio nos hizo pensar que se iría con la corriente; gracias a Dios el agua nunca nos llevó”.

El sol de la tarde le daba colorido a la ribera, haciendo contraluces bajo los árboles de sauce.

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